Durante algo más de un año, entre 2001 y 20002, estuve prácticamente dedicado full time al suplemento semanal de El Mundo de Baleares, La Economía Balear. Me dio por ahí. Y a base de leer, de estudiar y, sobre todo, de entrevistar a personajes importantes de la vida económica, y de seguir y perseguir noticias relacionadas con el mundo de la economía, algo aprendí sobre el asunto. Durante aquellos años en los que tanto se hablaba de la cultura del pelotazo y de las famosas sotck options, todo el mundo parecía saber o creer saber sobre cuestiones bursátiles, aparte de que, bien es cierto, fueron años buenos para la especulación bolsística. Así que de aquel tiempo conservo cierta culturilla general sobre economía que siempre me ha venido bien.
Por ello me divierte de manera muy especial hacer estos días el seguimiento de las noticias que se vienen publicando sobre estos últimos vaivenes de las bolsas. En la última semana he consultado todo tipo de medios gracias a Internet: desde el sesudo y conservador ―bueno, qué dinero no es conservador― Wall Street Journal, pasando por The Econonist y los periódicos económicos nacionales, hasta la prensa cotidiana generalista.
Pues bien, no he leído ni un sólo párrafo que me haya explicado con claridad qué está pasando en el globalizado mundo bursátil, y mucho menos que me dé una aproximación mínimamente fiable sobre qué va a suceder en los próximos meses. Parece ser que los expertos se tientan bien la pluma antes de escribir una línea que les pueda comprometer demasiado.
Seamos claros: en general, no tienen ni pajolera idea. Ni se explican con claridad sobre cuáles son los auténticos motivos de la crisis, ni aciertan a lanzar conjeturas con algún grado de fiabilidad. Pero, eso sí, en la prensa española algunos periodistas, que de economía saben lo que yo de energía termonuclear, se permiten dar consejos al Gobierno sobre lo que debe o no debe hacer, cuando no otros ―los de siempre― acusan directamente a Zapatero y a Solbes de ser los causantes de todas las desgracias del mercado. Desgracias que tampoco sabemos exactamente en qué consisten. En general, hacen lo de siempre: periodismo de portera (con perdón de las porteras, que ya casi no quedan, por otra parte). Y es que esa gente apenas vale para otra cosa que no sea para predecir el pasado.
Pero lo curioso es que los economistas de verdad, los que se supone que tendrían que saber algo sobre el asunto, tampoco dicen nada. Véanlos estos días en la Cumbre de Davos: ahí los tienen, todos juntitos, con todo el tiempo del mundo para hablar y exponer alguna conclusión inteligente. Pues como si nada. Quizá lo único mínimamente interesante que recuerdo de lo que he leído estos días ―tiempo perdido― es una frase que venía a decir: “señores, no se asunten: ahora les toca tirar del carro, y lo harán, a China y a la India”. Es lo que se conoce como BRIC (Brasil, Rusia, India y China, las llamadas economías emergentes). Y probablemente sea cierto.
Y es cierto también que hay algunas explicaciones que nos hablan con coherencia de que EEUU debe proceder a una corrección en sus tipos de interés que le lleve a reajustar una economía sobrevalorada. Pero igualmente sabemos que, en plena campaña electoral, sin un candidato claramente perfilado como ganador, y con un Wall Street que preferiría seguir teniendo a un republicano en la Casa Blanca, el clima enrarecido que vive ese país puede hacer que 2008 sea un año de fluctuaciones que arrastren negativamente a las economías más débiles.
Pero, por encima de todo, a mí me queda siempre la interrogante de saber qué sucede con las inversiones que hacen las propias entidades financieras, y que son informaciones perfectamente ocultas para el dominio público, guardadas en las cámaras acorazadas de sus oscuros consejos de administración. Porque usted tiene, pongamos por caso, sus ahorros depositados en La Caixa. Vale. ¿Pero sabe usted qué hace La Caixa con ellos? ¿Sabe usted en qué otros bancos invierte su banco? ¿Le da a usted su banco algún tipo de explicaciones? ¿Le advierte su banco del riesgo que corre cuando compra acciones de otras entidades financieras internacionales? Quizá por ahí podríamos empezar. Porque en el mercado globalizado en el que nos movemos no suele ser la producción la que condiciona en su totalidad la economía financiera; son los propios bancos inversores los que determinan la estabilidad del mercado. Da miedo, ¿verdad? Da miedo saber que son nuestros ahorros los causantes en parte de la pobreza mundial.
Así las cosas, en medio de este absoluto secreto, ¿quién va a saber lo qué ocurrirá en los próximos meses, ni qué oscuras intenciones tienen algunas entidades financieras de peso ―y estoy pensando en ciertos bancos árabes― para desestabilizar el mercado, causar el pánico a su antojo, hacer lo que quieran con nuestro dinero y, encima, reírse de nosotros a la cara, para luego, finalmente y cuando les plazca, devolver las cosas a su sitio y dejar las cosas como estaban? Eso sí, habiéndose ellos forrado. Los de siempre. Los más fuertes. Caerán algunos, claro. Pero prevalecerán los fuertes.
“¡Es la economía, imbécil!”, le decía Bill Clinton a papá Bush en la campaña que le hizo ganar las elecciones presidenciales. Pero visto lo visto, oído lo que he oído, y leído lo que he leído, yo ahora me digo, ahorrándome la coma: es la economía imbécil. La economía canalla. La economía del miedo. ■
(c) Manuel Ortiz
http://apuntesdebolsillo.blogspot.com/2008/01/la-economa-imbcil.html
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